OPINIÓN

Niebla

La VanguardiaEL RUNRÚN Imma Monsó
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Cuando tenía ocho años, empecé a pasar la tarde en el trabajo de mi madre por no quedarme sola en casa. Por la noche, tras apagar la última estufa, salíamos ella, yo y sus dos empleados a la tremenda niebla oscura del paseo de Fernando, desierto, y un millar de glaciales cuchillos húmedos nos atravesaban de parte a parte.
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